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En una esquina oscura de Tenochtitlán, bajo la tenue luz de una farola parpadeante, un viejo indigente se refugia en su soledad. Las sombras de la urbe se extienden a su alrededor, pero no pueden ocultar el brillo apagado de sus ojos, cargados de arrepentimiento y nostalgia un hombre de 66 años, Lacandón Chiapaneco.
Un tiempo atrás, dejó la selva que lo vio nacer, impulsado por la ambición de un futuro dorado en la gran ciudad. Pero lo que encontró fue una realidad mucho más oscura y cruel. antes un espíritu libre que vagaba entre los árboles y ríos de su selva natal, ahora es solo una sombra de lo que fue. Tenochtitlán lo ha envuelto en su abrazo de concreto, aplastando sus sueños bajo el peso de sus propias decisiones. Partió joven, con la esperanza de encontrar fortuna, pero lo único que halló fue el frío asfalto, donde sus rugidos se convirtieron en gritos desesperados.
El Jaguar sabe que lo ha perdido todo, que su ambición lo llevó por un camino sin retorno. Y en esa esquina oscura, bajo la luz mortecina de la ciudad, su voz se levanta en un último RUGIDO, una canción de arrepentimiento y frustración, de un alma perdida en la jungla de concreto que lo devoró y vomitó
La historia del Jaguar es un eco de tantos que, en busca de un sueño, perdieron lo que más amaban. Su vida es un testimonio trágico de la decisión de abandonar lo que realmente importa, solo para encontrarse atrapado en una prisión de
asfalto y arrepentimiento..
ARKIESCULTOR PGB
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